
Aunque en estas semanas toca referirse al litoral catalán y a sus magníficas playas, no hay que perder de vista que muchos viajeros buscan burlar los rigores del verano por unos días. Pensando en ellos, el artículo de hoy propone un destino con temperaturas mucho más amables, y situado en un incomparable escenario de montaña: Andorra la Vella, capital del Principado de Andorra.
Hoy por hoy, es posible acceder a este pequeño Estado pirenaico en líneas regulares de bus, que enlazan el país con diversos puntos de Europa. Desde Cataluña, si se opta por el vehículo privado, la vía más rápida es hacerlo desde La Seu d’Urgell (perteneciente a la provincia de Lérida y situada a tan sólo 21 km de la capital andorrana). El acceso es mucho más difícil desde la vecina Francia, dado que allí es donde se concentran los tramos más escarpados de los Pirineos.
Aunque Andorra no forma parte de la Unión Europea, en el caso de los turistas procedentes de alguno de los 27 Estados miembros sólo es obligatorio presentar el DNI (el resto de visitantes deberá estar en posesión de un pasaporte válido). Tampoco se requiere visado. Para más información, se aconseja dirigirse a la Embajada de Andorra en España (C/ Alcalá, 73, Madrid).
Pese a ser la parroquia de menor extensión del país, Andorra la Vella es también la más poblada (en el 2008 computaba unos 25.000 habitantes). Aunque en sus orígenes fue una villa rural, el turismo ha conseguido dotarla de gran dinamismo. En lo que respecta a sus monumentos, dentro del núcleo urbano brilla con luz propia la iglesia de Sant Esteve.
Originariamente románico (ha sufrido diversas modificaciones, las últimas de las cuales tuvieron lugar en el siglo XX), este templo conserva un bello ábside semicircular del siglo XII. Del mismo modo, no hay que dejar de visitar la Casa de la Vall, erigida en el siglo XVI y sede del Consell General d’Andorra, en cuyo interior puede admirarse una colección de filatelia y numismática. El patrimonio monumental de esta parroquia se completa con el puente románico de la Marginada y con la iglesia prerrománica de Santa Coloma (del siglo X), poseedora de un original campanario de planta circular.
Y por supuesto, no hay que desaprovechar la ocasión para llevar a cabo compras en alguno de los múltiples centros comerciales con los que cuenta la capital andorrana.
Foto vía: Cèlia Roca